El 15M. Luces y sombras de una experiencia política. por Carlos Guilarte

Un año ha pasado ya desde que estallase en todo el territorio administrado por el Estado Español, un movimiento ciudadano, que a posteriori fuese catalogado por los Mass Media como 15 M o de los “Indignados”. Una experiencia asociativa que con sus muchas contradicciones, supuso sin embargo un hito en la historia de los movimientos sociales en el archipiélago, en la metrópoli y por extensión en el resto del mundo. Más específicamente en Canarias dichas movilizaciones tuvieron una repercusión nunca antes vista, al menos no bajo la forma mediática y sonada que tuvieron las acampadas, verdaderos núcleos de coordinación y motores de acción de las mismas. Como individuo libremente asociado, actor de primera mano y miembro de la comisión de prensa de la acampada en Tenerife, estimo oportuno escribir un artículo, que por un lado sirva como espejo de humildad para cuantos se dejaron llevar por la euforia más o menos revolucionaria y por otro, de respuesta a cuantos también imbuidos de un discurso reduccionista, rechazan de lleno cuántas oportunidades y desafíos ofreció esta experiencia participativa.

El 15 M, no nos cansamos de repetirlo en su día, como tal, es una mera etiqueta. Un “fetiche” autocomplaciente, que pretende definir y encasillar algo tan heterogéneo y polifacético como lo es la sociedad actual y sus múltiples corrientes de pensamiento. Una quimera, que desde el comienzo, fue catalogada por quienes tenían interés en convertirla en un mero ariete electoral, en un instrumento de presión ciudadana, para condicionar los resultados de las votaciones autonómicas y municipales. De ahí que estemos en algo de acuerdo cuando se acusa a dicho movimiento de servir en parte, a los fines de quién sabe qué grupos de poder. Mi tesis personal, es que detrás de las primeras movilizaciones, sí hubo una mano negra, que desde una estrategia neo-liberal y con un marcado tinte populista, buscó golpear en la cerviz a modo de toque de gracia, al gobierno social-liberal en los últimos coletazos de su ciclo en el poder. Ustedes mismos pueden darse a las elucubraciones sobre si fue un partido determinado o un grupo económico concreto quienes tuvieron la brillante idea de movilizar a “la ciudadanía”. El hecho es que tal intención, pecó de ingenua al pensar que la cosa quedaría ahí. Los movimientos sociales, al igual que las tendencias económicas y las luchas de poder en el seno de todas las sociedades humanas, pasan por estados cíclicos. Ciclos que condicionan y definen las pautas a seguir de cuánto se organice y constituya socialmente. Podemos plantar fresas en pleno invierno. Quizás incluso logremos si acondicionamos el medio, verlas dar fruto. Pero no por ello conseguiremos, al menos no a corto plazo, convertir un cultivo estival, en una fruta de invierno. Con esto lo que quiero decir es que no podemos forzar el ciclo natural de las cosas, pero tampoco podemos pretender habiendo sembrado la semilla en su estación adecuada, que ésta se contenga y brote de manera aislada. No si además el terreno reúne todas las condiciones de fertilidad y propagación idóneas. Personalmente, no me importa quien o quienes fueron los que tuvieron la gran idea de salir a la calle a priori. Ni tampoco que un determinado grupo u organización, pretendiese capitalizar las movilizaciones con un discurso, apartidista, reformista, cínicamente “apolítico”, interclasista y moderado en su metodología y planteamientos organizativos y estructurales. Lo que de verdad importa y es ahí donde merece nos detengamos un instante, es que la cosa se les fue de las manos. Lo que debía quedar en unas cuantas jornadas de protesta ciudadana, de malestar cívico, de propaganda apolítica, acabó por convertirse en un autentico laboratorio de participación popular. Fueron las individualidades, en su mayoría pertenecientes a organizaciones , movimientos, sindicatos, asociaciones y colectivos de la izquierda revolucionaria, quienes desde el momento inicial, entendieron la coyuntura como el disparo de salida para un rebrote organizativo. La llamada de bucio, para recuperar la calle y romper con el letargo al que se habían visto inducidos en los últimos años.

En resumidas cuentas, el 15M más allá de etiquetas mediáticas e intentos de dirigismos hegemónicos por parte de determinados grupúsculos con discursos reformistas, creció y se condujo gracias a la organización de personas y colectivos libremente asociadas, que lo defendieron y convirtieron por momentos en aquello que merecía la pena desarrollar: Un terreno autónomo de discusión, libertario en su metodología y anticapitalista en su margen interno. EL asamblearismo, la horizontalidad, las acciones (más o menos acertadas según la comisión y el perfil de las personas que participaron de éstas), las propuestas o el vínculo identitario y discursivo representan la viva imagen de lo que se conoce como “movimientos autónomos”. Anarquistas, marxistas de toda índole, “indignados” sin previa militancia ni formación ideológica, demócratas desengañados, oportunistas con ansia de protagonismo, desheredados sin recursos, estudiantes con anhelo de formación política, jubilados con un último recuerdo bajo su boina de lo que fueran otros tiempos y otras mentalidades, maestros del saber popular, líderes con vocación y sin ella, vecinos curiosos, perroflautas (que también los hubo) y cínicos aburridos ansiosos de provocación…Todo tipo de personas de todas las formas y colores, se dieron cita en las plazas, para participar de asambleas, que con gran dificultad, matizaron que sí hay un modo de destruir el sistema actual: Desde el origen, participando directamente en los asuntos públicos, perdiendo el miedo a opinar, a preguntar, a aprender y a enseñar. Democracia directa, participación horizontal y ante todo, diálogo. Pese a lo que se pretenda argumentar en sentido contrario, cualquier intento de monopolizar las asambleas, de dirigir, jerarquizar, instrumentalizar y romper el vínculo libertario que allí se produjo, fue repelido una y otra vez por quienes teníamos claro que una oportunidad así debía ser exprimida mientras fuera posible. Para ser completamente sinceros, hay que añadir que como experimento pionero, se dieron situaciones tan contradictorias como ilusionantes, que al final constituyen el vivo retrato de la profunda ingenuidad política que asola nuestra sociedad.

Movimientos Sociales, existen de múltiples formas y vertientes. Como politólogo, me atrevo a definirlos como plataformas de actuación social, instrumentos de transformación política de carácter descentralizado en su modelo organizativo y horizontal en la toma de decisiones. Y lo que es más importante, enemigos por su metodología, morfología y motivaciones aglutinadoras, del actual sistema de poder. Lo que vendría a definirse tradicionalmente como movimientos de la izquierda de base. Si bien existen ejemplos contrarios a esta definición (basta nombrar al Tea Party en EEUU o las marchas naranjas en las ex-repúblicas soviéticas) que suponen la excepción a la norma. EL Movimiento Nacional-Católico y sus apropiación de las bases ideológicas fascistas de Falange, es a menudo el ejemplo utilizado para ilustrar un movimiento apolítico, revolucionario, antidemócrata y homogeneizador (totalitario) que se emplea a la hora de desafiar el apelativo de “Movimiento”. Empleado así, a secas, sin adjetivaciones aclaratorias. Bajo mi punto de vista esto es algo extremadamente simplista, más aún si tenemos en cuenta que ninguna forma organizativa es en la práctica apolítica, constituyendo esta garantía unitaria una pura tautología. No dejaremos de utilizar el concepto “movimientos sociales”, por el hecho de que el fascismo y las fuerzas reaccionarias del capital, se enmascaren como tales con tal de contravenir y suplantar la fórmula de organización espontánea de los pueblos libremente asociados. Nuevamente para hacer un ejercicio de sinceridad, debemos aceptar que en el seno del 15M, ha coexistido una organización que por sus proclamas moderadas en cuánto a programa político, taimadas en cuanto a su posición ideológica e hipócrita en tanto que se pretende definir apolítico, pudo por momentos confundirse con el propio movimiento de movimientos que supuso esta experiencia participativa. Tras el eslogan “Democracia Real Ya”, se dejan de lado múltiples preguntas que inmediatamente y de manera inevitable surgen: ¿Qué es la verdadera democracia? ¿Supone esto aceptar las reglas del juego en el seno del modelo capitalista? ¿Si los representantes electos, con puntuales excepciones, han demostrado una y otra vez que el poder delegado aleja a las personas de la justicia y la igualdad social ratificándolos como élite dirigente aislándolos de las reivindicaciones que dicen representar….qué modelo socioeconómico se plantea como alternativa? ¿Debemos esperar que cambiando la ley, se modifique el sistema de pensamiento y la sinergia entre poder-opresión?. La organización DRY, juega efectivamente como decíamos al principio de este artículo un papel de cortafuegos, dentro de las movilizaciones sociales del Mayo pasado. A tal punto se les escapó la cosa de las manos a los organizadores, que al comprobar el cariz autónomo (asambleario-antiautoritario) que estaba cobrando la acampada y la imposibilidad de permanecer a la cabeza y controlar un fuego mucho más grande que su caja de fósforos, decidieron simple y llanamente boicotearla. Arrastrando consigo a muchas personas que contrariadas por la dificultad de organizar no ya una asamblea- con comisiones dependientes implicadas en diversos frentes de actuación- sino una acampada en plena calle -con servicio de comedor, limpieza, orden, atención sociosanitaria y asistencial, etc…decidieron optar por unirse a sus filas. Pensamos que imbuidas por un discurso aparentemente pragmático y moderado en cuanto a objetivos. Todo sea dicho, las luchas internas, disensiones, actuaciones ególatras, proclamas e intrigas que se dieron entorno a DRY retrataron ampliamente el carácter propio no ya de la organización. si no de quienes la encabezaron originalmente. A día de hoy y para ser justos, DRY Tenerife está conformada por muchas personas con amplia formación y con posiciones perfectamente compatibles con el ideario asambleario de base. Pero como ya dijimos en su momento a raíz de algún triste suceso* con implicaciones mayores de las que éstas personas de buena voluntad creen o están dispuestas a asumir, su organización continúa moviéndose en un limbo que por indefinible genera más desconfianzas que afectos.

En estos días próximos al aniversario de los sucesos de Mayo de 2011, continúo recibiendo llamadas de los medios de prensa, buscando hablar con el “representante” del 15 M. Cuando ejercí la portavocía de la acampada, me encargué en dejar claro que una cosa y la otra no eran lo mismo. Los medios en su propensión a esquematizar, archivar y emplear los clichés informativos a su conveniencia ( y no necesariamente por un afán de desdibujar o manipular la información, sino y de esto doy fe, sencillamente por una práctica periodística precaria y habituada a tirar de los ítems informativos ya mascados y listos para el consumo en masa) llegaron al final y por reiteración a diferenciar DRY de la Acampada. Por ese respeto ingenuo y por qué no decirlo conciliador, del que hacemos gala los de mi especie, lejos de desmarcarnos en base a la crítica y el desprestigio, y conscientes de que muchos de los compañeros de DRY son más aliados que enemigos, simplemente diferenciamos en nuestro discurso entre DRY y Acampada. Con esto incluíamos en nuestro discurso mediático dentro de la etiqueta 15M a ambas tendencias. Etiqueta que nunca aceptamos pero que supimos manejar prudentemente en un contexto social donde a veces lo simple es más práctico. Ya habría tiempo para posicionarse y demostrar mediante la praxis, la cualidad de uno y otro proyecto. El modelo de movimiento autónomo que se configuro en torno a la acampada, se erigió desde una perspectiva pedagógica libertaria con talleres, charlas, actividades, acciones de difusión y lo más importante promoviendo con todo ello el asociacionismo como herramienta de real transformación social. Buscamos a toda costa deslegitimar la derogación de la autonomía personal en favor del “representativismo” para ir más allá y asumir el control de las propias vidas, desde el plano individual hasta el comunitario. Conseguimos no sin emplear grandes dosis de psicología, paciencia, diplomacia y saliva, proyectar a los medios de comunicación y por ende al conjunto de la sociedad que bebe de eso que se ha dado en llamar “opinión pública”, nuestro verdadero objetivo como grupo dinamizador del 15 M: Extender el modelo asociacionista de base a todas las plazas de cada uno de los municipios de la isla. Establecer centros de debate y decisión. Que aunque en principio estuvieran dinamizados por personas formadas y capaces encargadas a tal fin, dieran lugar a una autentica participación de los vecinos/as de los barrios de la capital. Al igual que en Gran Canaria, se desarrollaron sendas marchas a pié por toda la isla con el fin único de propagar el espíritu asambleario. Sin doctrina ni dirigismos, pues fue precisamente la óptica libertaria que impregnó el conjunto de la acampada, la que se tuvo en cuenta a la hora de entender que sólo la gente libremente asociada, participando por propia voluntad y en base a sus necesidades, problemáticas e ideas para resolver y afrontar los mismos, lograría generar un autentico proceso de regeneración democrática. Más allá de objetivos a corto plazo, la mayoría de los que allí participamos activamente tuvimos claro desde el origen, que nuestro fin último era crear una red de asambleas que a su vez constituyesen una federación de pueblos, así hasta abarcar el territorio nacional. Y con esto último me refiero al archipiélago Canario.

Canarias reúne todas las condiciones objetivas para poder ser considerada una Nación en términos clásicos. Nuevamente una de las críticas más duras recibidas por parte de importantes sectores revolucionarios de base en las islas, fue la referida a la cuestión identitaria y al proyecto de Liberación Nacional. A mi personalmente no me agrada la palabra nación, pues como tal, dependerá siempre de quiénes fijen y determinen los horizontes de la misma. Su visión e intereses de grupo marcarán los mitos fundacionales, discurso cohesionador y sobre todo estructura político-administrativa del territorio así considerado. No necesariamente pero con frecuencia en la tradición marxista, de la cual beben la mayor parte de los movimientos políticos de la izquierda extraparlamentaria tradicional, una nación requiere por fuerza de un Estado para poder constituirse como tal y defender su intereses como pueblo. Por todo ello y huyendo del determinismo histórico, personalmente prefiero creer que existen tantas naciones como pueblos conscientes de su existencia colectiva a través de la historia. Por supuesto rechazo el modelo de Estado Nacional, sea cual sea la bandera que lo aúne, pues por la naturaleza propia a esta forma de poder centralizado y homogeneizador, la opresión de unos sobre otros se reproducirá, como si de una muñeca rusa se tratase. Esto en cualquier caso, forma parte de mi visión personal y subjetiva, con todo el respeto debido a quienes opinan diferente sobre este particular. Si me posiciono ahora, es sencillamente para que quede clara la perspectiva sobre la que planteo el siguiente razonamiento. Muchos amigos y compañeros de lucha, reiteraban su negativa a sumarse a las acampadas por el mero hecho de considerarlo algo extranjero, promocionado por “españoles” y a mi modo de ver de manera incongruente, aduciendo que todo cuanto aquí acontecía  era producto de lo que se decidiera en la Puerta del Sol. Es cierto que había gente que así pensaba en las asambleas, como no lo es menos que esta visión de la “Spanish Revolution” no era compartida por la mayoría, al menos no es su dimensión identitaria. Bastante había con conducir y armonizar la cuestión a nivel local como para preocuparse de qué decidían en Madrid o de qué se supone se esperaba de nosotros en Barcelona. Como es lógico, la solidaridad internacional y el hecho de que prácticamente todas las ciudades y pueblos del Estado (así como de otros Estados y sus respectivos territorios, llegando a darse réplicas en centenares de plazas de todo el planeta) nos llevó a la búsqueda de una coordinación, entre otras cosas porque lugares con amplias experiencias históricas de lucha social, siempre representan un modelo de inspiración y ejemplo a la hora de organizarse y pautar objetivos. Lo cual no significó nunca renunciar a nuestras aspiraciones ni mucho menos, a la autonomía de nuestro proceso y objetivos. Hablamos con Madrid sí, como también lo hicimos con Dakar, Athenas, Torino y Reikiavik. Sería estúpido creer que algo así hubiera sido posible localmente sin el amparo de gentes de todo el mundo, secundando y llevando a cabo idénticas acciones en sus respectivos entornos. Pero también es estúpido tratar de marcar nuestro ritmo y evolución particulares en base a un absurdo nacionalismo estatalista, sea español o no. Las mayores dosis de coordinación y apoyo mutuo se dieron como es lógico y necesario con el resto de islas. Nos comunicábamos casi a diario con La Gomera, Las Palmas, Lanzarote, La Palma, etc… A su vez se produjo desde el minuto cero, un intento denotado por recuperar la memoria colectiva del pueblo santacrucero, tendiendo un puente directo a los hechos de Julio del 36 así como con todos esos lugares comunes a la memoria y herencia histórica de los pueblos de Canarias. La cuestión nacional estuvo presente, con talleres sobre historia de Canarias, lengua e historia del pueblo Amazigh, escritura en Tifinagh, con mayor o menor éxito. Era cotidiano ver carteles escritos en caracteres Tifinagh, llegando la asamblea a denominarse Tagoror. Aunque esto no represente más que un hecho anecdótico y trivial en términos políticos.

De todo esto podemos extraer dos conclusiones que resultan fundamentales para entender la cuestión: Por un lado muchos de esos militantes revolucionarios que denostaban la ausencia de un discurso claramente identitario e independentista, no entendieron del todo que si éstas reivindicaciones no cobraron mayor peso fue precisamente debido a su ausencia y por tanto porque en una asamblea libre imperan las prioridades de quienes son mayoría. Desgraciadamente, la participación más activa y decidida en las asambleas fue desarrollada en muchos casos por personas de origen peninsular. Digo desgraciadamente, porque esto nos da a entender que aquí, en las islas, existe un bajo nivel de implicación en las luchas sociales. Además de una tendencia histórica a renegar sobre aquello que no encaja en nuestro molde mental. Claros síntomas una vez más, de la terrible inmadurez política de nuestro pueblo. Afortunadamente, el hecho de que estas personas tomaran parte activa y tuvieran claro el modelo de participación asambleario y los objetivos a priori, permitió la continuidad del proceso y su casi completa maduración mientras tuvo sentido. Por otro lado la cuestión de la “descolonización” o el modelo que habría de sustituir al actual orden gubernamental en el archipiélago, no representó un tema de discusión prioritario. Y no lo fue, básicamente porque debido al modelo organizativo propio al federalismo asociativo sobre el que trabajamos, esta cuestión queda zanjada; llegado el momento en que se hubiese logrado extender las asambleas populares y el control popular sobre la administración y gestión de los recursos y territorio, la gente preparada y formada mediante la práctica asociativa, decidiría bajo qué vinculo de unión y entendimiento se uniría a otros territorios. Esto no es nada nuevo y representa el modelo federal tradicional que por lógica, en Canarias desembocaría tarde o temprano en una “autodeterminación de los pueblos de Canarias”. Creemos firmemente que una independencia política efectiva sobre los principios del socialismo colectivista, sólo será plausible si se alcanza a través de una democracia popular, asamblearia y descentralizada. Por nuestra parte perseguimos inocular en el 15M estos principios, consiguiéndolo en parte. Lo fácil no obstante, es criticar desde la distancia y a ser posible para destruir.

Nada de lo ocurrido durante los más de tres meses que duró la acampada, fue fruto de la casualidad como tampoco lo fue el designio de la mano negra neoliberal. Las cosas fueron el resultado de la unión de fuerzas de muchas personas diferentes, con múltiples procedencias ideológicas y con tradiciones de lucha diferentes. El éxito del 15M, fue saber estar por encima de la propia etiqueta, pues todo lo demás fue sencillamente un experimento. Un experimento donde cada quien hizo lo mejor que supo. Aprovechamos el lapsus gubernamental en lo que a represión se refiere, amparados por la inercia electoral en donde a ninguno de los partidos del poder les interesó ensuciar su imagen de campaña (primero en Mayo, más tarde en Noviembre). Esta tibia tolerancia se debió a su vez al sorprendente apoyo con que se contó por parte del conjunto de la sociedad. “Laissez Faire”, aún temiendo que fuésemos capaces de superar nuestras propias expectativas y lograr politizar en términos de participación directa a aquellos sectores sociales más sensibles a esta Crisis del Capital. Crisis que como  plan bien urdido y programado que es, ya contaba desde los aparatos de poder con que esto pudiera suceder. Por ello no me extraña que el propio Partido Popular se mostrara conciliador y hasta simpatizante con los “indignados”. Mientras les convenía,  llegando a ser incluso agitadores, como lo fue siempre la derecha fascista en su oportunismo interclasista. Ahora bien, una vez asumido el poder, no  pierden ni un segundo en reprimir a fuego y pelota de goma, cualquier intento de reproducir un acto de insubordinación semejante. Sin embargo el 15M estaba destinado al fracaso desde el principio, si lo que se esperaba de quienes lo conformaron, es que fuesen coherentes con la etiqueta mediática, con el fetiche post-moderno de rebeldía sin causa. Fracaso porque pese a todo no logramos darle continuidad al proyecto asociativo que debía calar en nuestros pueblos y barrios. Fracaso porque mucha gente, tras asistir a una o dos asambleas y comprobar de primera mano la inmadurez de quienes allí tratábamos de llegar a acuerdos sobre nimiedades, sin entrar en las cuestiones de peso, acabaron no sólo por no participar más sino por rechazar el asamblearismo como un modelo alternativo efectivo y práctico. Fracaso porque los de siempre siguieron ejerciendo de jueces desde su determinismo histórico sin que tampoco hayan dado pie a nada parecido, que como mínimo presente un modelo de actuación plausible más allá del sectarismo excluyente. Fracaso porque pese a todas las entrevistas, charlas, coloquios, grupos de trabajo, intentos de coordinación de movimientos y luchas, captación de nuevos militantes y activistas donde antes habían solo jóvenes alienados, pequeñas victorias simbólicas, grandes manifestaciones multitudinarias, jornadas de formación y debate, recuperación de espacios y activación de lazos de unión entre grupos de vanguardia de largo distanciados…pese a todo…seguimos retrocediendo cada día más, cada día peor y más abajo.

¿Dónde está el éxito pues, del 15M? ¿Qué de bueno dejó esta experiencia en el imaginario colectivo de nuestra sociedad? ¿Cuánto de aquel laboratorio social, se verá reproducido en esta nueva convocatoria del 2012? ¿Quiénes salieron reforzados de aquel enjambre contestatario? ¿Qué grupos y con qué fines trabajan un año después para reivindicar la marca 15M? ¿Qué aspectos se reafirmarán, qué compromisos se verán corroborados o definitivamente desaparecerán para dejar lugar al páramo del sectarismo, de la desunión, del cinismo crónico, de la desesperanza que tan bien conocemos los/las canarios/as? Algunas respuestas a estas preguntas se encuentran en este mismo artículo, esbozadas entre líneas. Otras sólo podrán ser contestadas cuando realmente entendamos que las cosas son como nosotros permitimos que sean, en función de nuestra actuación y práctica diaria. Que sólo de nosotras mismas saldrá la respuesta definitiva. Aquella que responda exactamente a la pregunta adecuada.

Consultar el artículo publicado en el boletín TILELLI del 18 de Octubre de 2011

TILELLI radio #1

Escucha nuestro primer programa radiofonico.

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Carta de S.S.M.M Los Reyes Magos de Oriente a Ignacio Gonzalez Jr.

“Querido” Nachito:

Siempre fuíste un niño peculiar y algo caprichoso, pero lo de este año realmente nos parece demasiado. Sabes que siempre estuvimos dispuestos a cumplir tus deseos pese a que no eres lo que se dice un niño ejemplar y que tus sentimientos no son precisamente los más bondadosos de los posibles. Aún así siempre accedimos a venir a tu casa, sin que tenga que ver con ello, el maletín que cada año tu papá nos dejaba bajo el árbol. Principalmente porque allá de donde venimos esos papeles de colores no tienen valor alguno. Además, debes saber que a punto estuvo Baltasar de abandonar definitivamente el combo, después que en la puerta de tu casa dejaran ese cartel invitándolo a esperar fuera junto con los camellos. Entiende que él se lo tomase a mal.

Ignacito, no podemos cumplir tus deseos este año pues como debes ya saber la crisis también a nosotros nos afecta pero es que ¡Coño, a quién se le ocurre pedir de regalo un Golpe de Estado y la cancillería de Gobierno! Eso sólo se lo cumplimos a un niño llamado paquito hace mucho tiempo, y fue únicamente por orden expresa del Rey de Roma, que nos tenía secuestrados a los pajes. En fin…

Con respecto a lo del puesto de Senador, ya este año se lo concedimos a tu amiguito Miguelón y aunque tenemos manga tampoco conviene abusar. Si bien nos parece un abuso por tu parte pedir que te regalemos una nueva cadena de televisión, porque la que ya tienes no sirve ya. Nunca cuidaste las cosas, acostumbrado como estás a que te regalen todo. ¡Ay Nachito, Nachito! Tampoco nos parece lo más apropiado pedir que tu amigo José Rodríguez Ramírez se gane la lotería, pues por cosas así ya tuvimos problemas en el pasado y lo sabes. Ni que tu partido político se convierta en el mejor financiado, pues eso se escapa a las posibilidades de nuestros guantes blancos. Pedir una policía propia, igual que la de tu amigo Miguelón, nos parece una excentricidad, pero veremos qué se puede hacer, y si Paulinín no se enfada le diremos que la comparta con sus amigos. Pero, lo que nos parece más fuerte de todo y por donde sí no pasaremos, es por eso de “acabar con todos los vagabundos, malhechores, borrachos, anarquistas, drogadictos, pendencieros, comunistas y punkis de Santa Cruz”, pues entendemos que estás exagerando y además de cumplir tus deseos, tendríamos que llevarnos por delante a muchos de tus amigos, por cumplir una o varias de estas requisitos.

Sin extendernos más, pues tenemos muchos otros casos que atender pero ya que estamos, dile por favor a tu amigo Plasencia que como vuelva a pedir otra vez un mamotreto la próxima vez se lo vamos a construir en el gujero delcu….

El cambiazo o el ilusionismo de la democracia

Ya dejadas atrás las elecciones parlamentarias y casi olvidada la galería de imágenes grotescas de campaña y frases obscenas proferidas por los aspirantes a la poltrona, es el momento quizás, de la reflexión. Esa reflexión honesta e imparcial que desde ciertos foros se viene proyectando ininterrumpidamente hace tiempo y que sin embargo, parece quedar siempre eclipsada por el aparato mediático-propagandístico del Leviatán. Una reflexión que sin que logre escapar al apelativo de “utopía ideológica” por parte de los conformistas, se revela en última instancia como la más necesaria de todas las reflexiones posibles. Este ejercicio reflexivo sólo encontrará eco si finalmente conseguimos responder con eficacia y continuidad a la necesidad de organizarlo en la práctica y transformarlo en una realidad con cara y manos.

Rostros y brazos, que ignorando conscientemente el llamado a la participación política oficial, construyen, recuperan y persisten en generar alternativas al poder político legitimado por el aparato de Estado a través de la Ley y su garante último de coherción: La fuerza bruta.

La “legítima” violencia del Estado quien no duda en transfigurar su retrato de padre bonachón y algo truhán en la de un ogro irracional y sanguinario. Monstruo ataviado con equipo represivo de última generación, gases, porras, bolas de goma y botas de acero incluidas. Ese es el verdadero perfil del poder político amparado en un enrevesado sistema legislativo. Ello continúa garantizando que una élite, ya sea por herencia del pasado, ya por méritos arribistas de carácter financiero, gobierne al resto para su exclusivo beneficio. De más está decir que la “crisis” actual se ha generado mediante un plan urdido institucionalmente para el enriquecimiento y provecho de esos mismos que se autoproclaman líderes sociales y que a través de sus partidos, empresas y organizaciones financieras se aseguran el privilegio absoluto en el reparto de la riqueza social. Así, el mecanismo electoral del cual más de la mitad de “ciudadanos” reniega y desconfía –demostrado está si nos guiamos de las estadísticas de participación-, se nos ofrece como único modelo de transformación política de cara a transformar no sólo la sociedad, sino el propio medio ambiente sobre el que reposa desde hace millones de años el delicado equilibrio biológico que permite la vida misma.

Reflexionar actuando, sin miedo a la represión ni a la exclusión a la que inevitablemente son sometidos todos esos cerebros rebeldes e insumisos que deciden generar sus propios mecanismos de transformación. Reflexionar sobre el sentido del poder político mismo, lo cual nos llevará irremisiblemente a una actitud crítica que a su vez nos conduzca a generar alternativas y ponerlas en práctica por razones de supervivencia. Salirse del redil, con sus riesgos y peligros, es el primer paso hacia la construcción de un espacio propio. Un lugar común en donde a través del asociacionismo de base, la descentralización organizativa, la horizontalidad, el confederalismo y las máximas de justicia, equidad y transparencia, entre otros muchos conceptos, consigamos recuperar el rumbo de nuestras vidas.

Romper con las normas de conducta social que nos son impuestas desde la más tierna infancia se hará cada vez más una necesidad. Normas que persiguen solamente reproducir el comportamiento egoísta y profundamente mezquino que estipulan esas mismas élites directoras. Una ruptura obligada para todo aquel que realmente se proponga vivir en un mundo más justo, pacífico, libre y sobre todo posible. Nadie dijo que fuera fácil. Pero aquí seguimos.

 

Minoría Absoluta

La noche del 20N en Santa Cruz la “muhacin” Cristina Tavio llamaba a la oración desde de su torre de la calle de la noria: nadie respondió a su llamada. Y cuando decimos nadie es nadie. Lejos de ver una explosión de jubilo en las calles por el supuesto triunfo arrasador del PP-JONS, ni siquiera en la concentración convocada por el partido se podía ver gente. Con 445.637 votantes en todo el archipiélago parece que solo a los dirigentes le quedaron ganas de celebrar.
Tampoco es raro porque si ignoramos lo que nos vende las prensa y la televisión y miramos las cifras globales vemos que en realidad de los llamados a votar solo uno de cada tres se decanto por el PP y no estarían para fiestas, mas bien para el recogimiento necesario para conmemorar el deceso de aquel otro gallego que se fue hace 36 años. Lógicamente esa cifra de votantes no es para desdeñar, como tampoco es para desdeñar la cantidad de mentiras y falsas promesas que han venido vendiendo toda la vida esta gente. Todas ellas arropadas por una maquinaria de propaganda brutal, que como es normal hace mella en algunos sectores de la población aunque esto vaya directamente contra sus intereses.
Parece que PP Manuel Soria al afeitarse el bigote ya dejo de ser ese sujeto que estuvo durante cuatro años al mando de la economía canaria y la ha llevado a pique. Que hay muchas personas que no se han enterado de los innumerables casos de corrupción de este partido ¿o si? En cualquier caso lo mas increíble de todo este circo electoral es que aun hubieran 230.475 personas que votaran al PSOE. Para próximas farsas electorales podrían introducir el razonamiento del voto. Que en cada papeleta viniera un apartado para que la gente se explicase un poco. Así la mayoría de la población que quedamos excluidas de estos tenderetes nos enteraríamos porque nuestros conciudadanos nos castigan de esta forma.

El racismo institucional como programa político

Muchos habrán escuchado en los días pasados, la noticia proveniente de Italia sobre un ultraderechista que comenzara a disparar en mitad de un mercadillo contra un grupo de vendedores senegaleses resultando dos de ellos muertos y dejando otros tres heridos graves. Tras acabar las municiones y tratar de escapar, el asesino se quitó la vida. Paralelamente a este acto de racismo extremo, otras noticias similares también provenientes de Italia, nos hablan de actos xenófobos como el incendio de un campamento de gitanos en Turín. Otros actos similares vienen produciéndose ininterrumpidamente desde hace años en ese país, como la razzia contra chinos que se desató en milán, el incendio de chabolas de rumanos en Napoli o las palizas sobre africanos en Verona…

Este es sin duda, el resultado de muchos años de racismo institucional, con un discurso que promovido por Berlusconi y sus socios de extrema derecha (Liga Norte con Bossi a la cabeza o Acción Social liderado por Alessandra Mussolini), parece haber calado entre una sector importante de la población italiana. Dejando a un lado el hecho de que Italia fue uno de los países con mayores movimientos migratorios hacia el exterior en el pasado, conviene llamar la atención, sobre el discurso que muchos han hecho suyo y que parece convertirse en un tópico nacional.

Un discurso que por otro lado, no difiere mucho del promovido institucionalmente por el Partido Popular Español. Tomen nota.